El decreto del abandono o cómo el alza de combustibles fractura la Patagonia
Chaitén se encamina a pagar el litro de bencina más caro de Chile mientras las soluciones se quedan en la capital
Vivir en la Provincia de Palena siempre ha sido un acto de soberanía, pero hoy, ese esfuerzo parece ser castigado por un centralismo que solo sabe leer planillas de Excel. El anuncio del Gobierno sobre el alza de combustibles no es solo una cifra macroeconómica; es un muro que se levanta frente a nuestras familias chaiteninas.
Mientras en las oficinas de Teatinos se celebra la "responsabilidad fiscal", en las calles de Chaitén la realidad golpea con un frío que no se quita con calefacción. Este jueves, Chile despertará con un incremento de $370 en bencinas y de $580 en el diésel, una cifra que para nuestra zona extrema significa el fin de la sostenibilidad económica de muchos hogares que dependen vitalmente de sus vehículos para acortar las enormes distancias del sur.
La desconexión de las autoridades con el territorio es alarmante. Se anuncia con orgullo que las tarifas del Sistema RED en Santiago se mantendrán congeladas para proteger el bolsillo de los capitalinos. Pero, ¿quién protege al vecino que depende de los buses rurales o al transportista que conduce cientos de kilómetros para traer la mercadería a nuestra comuna?
El motor de nuestra supervivencia diaria
En Chaitén, la dependencia del combustible es absoluta y estructural. No tenemos la opción de subirnos a un Metro; aquí el vehículo es la herramienta para llegar al trabajo, a la posta o al colegio a través de rutas exigentes. Dependemos de un único punto de abastecimiento, la Copec de Chaitén, donde hoy ya pagamos precios que harían palidecer a cualquier habitante del centro del país.
Con los precios actuales de $1.391 para la 93 octanos y $1.200 para el diésel, el ajuste del jueves nos llevará a pagar cerca de $1.761 y $1.780 respectivamente. Un alza de casi $600 en el petróleo no es un ajuste técnico, es un golpe de gracia a la logística que sostiene a toda la Provincia de Palena.
El diputado Alejandro Bernales ha sido claro al señalar que "cuando se gobierna con decretos, se deja de escuchar a las regiones". Y aunque su diagnóstico mencione otras zonas, la pregunta para nosotros es urgente: ¿Qué pasará con el costo de las barcazas y el transporte aéreo, servicios que son nuestra única conexión real y que hoy quedan a la deriva de estos costos prohibitivos?
El efecto dominó en los estantes de Chaitén
No se equivoquen: este no es un problema de "quienes tienen auto". En una comuna donde todo llega en camión, este es un problema de alimentación básica. El alza de los combustibles impacta directamente en el flete, y ese flete es el que determina el precio final del pan, las hortalizas y los abarrotes que compramos cada día.
Si el transporte de carga que recorre la Carretera Austral debe absorber un aumento de $580 por litro de diésel, ese costo se trasladará inevitablemente al vecino. Estamos ante un impuesto invisible a la vida en la Patagonia, una carga adicional por el simple hecho de haber decidido habitar y hacer patria en este territorio difícil pero propio.
La pesca artesanal y el transporte escolar también quedan en la zona roja. Son sectores que operan con márgenes estrechos y que hoy ven cómo su capacidad de trabajo se diluye en el estanque. La falta de medidas paliativas específicas para las zonas extremas, donde el combustible es un insumo básico de supervivencia, demuestra una ceguera política que no podemos callar.
Una política que ignore al sur no es política
Desde este espacio de opinión, hacemos un llamado a que el Gobierno sensibilice sus medidas. No podemos seguir aceptando soluciones diseñadas para ciudades con transporte público masivo cuando nuestra realidad es la de la barcaza y el ripio. La Región de Los Lagos requiere una mirada distinta, que entienda que el combustible aquí es conectividad humana.
Esperamos que las gestiones parlamentarias no queden en promesas. Necesitamos que el Ministerio de Hacienda comprenda que la soberanía territorial se sostiene con acciones concretas, no con decretos que asfixian a quienes mantienen viva la Patagonia Norte.
La pregunta final no es cuánto subirá el litro de bencina este jueves, sino cuánto más se le puede exigir al habitante de Chaitén antes de que el aislamiento económico se vuelva insoportable. La Patagonia ya ha dado mucho al país; es hora de que el Estado aprenda a respetar a quienes la habitan.
